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En Navidad hay que pensar en los demás

En Navidad hay que pensar en los demás

Este artículo busca despojar la Navidad de su sentido materialista, sugiriendo sencillas formas de darle un significado más humano.

A medida que avanza diciembre las calles se iluminan con hermosas decoraciones, poco a poco empieza la congestión de las compras navideñas, los niños solo hablan del regalo que quieren, llegan las novenas de aguinaldos, y las familias se vuelcan en los preparativos para la cena de Noche buena. A donde quiera que uno vaya suenan los villancicos, incluso la gente parece distinta, un poco más jovial y alegre. En fin, es lo típico de la época, y lo disfruto y lo espero. Pero, al mismo tiempo, nunca dejo de pensar en aquellos para los que la Navidad no tiene el mismo significado ni sentido.

La otra cara de tanta alegría es quizás la soledad que enfrentan muchas personas alrededor del mundo, la falta de dinero para sufragar sus más básicas necesidades, la pobreza extrema que impide a numerosas familias siquiera tener un pan para la cena; o a lo mejor se trata de la ausencia de un ser querido que ha partido para siempre. Me pregunto constantemente, ¿qué pasaría si solo por un momento dejáramos de pensar en nosotros mismos para pensar en los demás?, ¿no te gustaría darle otro sentido a esta Navidad basado en ello? Quiero compartir contigo cómo es posible lograr esto:

Eleva una oración por las personas que sufren en el mundo. Resulta sencillo orar por nuestra familia y por los seres que amamos, pero en esta Navidad dispón de un minuto para pedirle al Creador consuelo y alivio para los que sufren.

No se trata tan solo de regalos materiales. A veces una madre tan solo espera la Noche buena para ver reunidos a todos sus hijos, así que no únicamente entregues o recibas un regalo, aprovecha este tiempo y la ocasión para compartir y dejar que afloren en ti los más hondos sentimientos.

Da un obsequio a quien no tiene nada. Una de las mejores navidades que recuerdo fue aquella en la que mi padre compró varios regalos y en la Noche buena, un poco después de medianoche, subimos al automóvil e hicimos un recorrido sin tener un lugar fijo a dónde ir. Mi madre dijo, “Vamos a escoger en la ruta a algunos niños a los que les daremos estos regalos”. Pasado un rato, mi papá detuvo el coche ante un semáforo: al frente había una señora que, en un puesto pequeño, vendía comida; al lado suyo, sentada sobre un banco en medio de la fría noche, estaba una niña de seis años, distraída, mirando a su madre mientras movía sus pies, que no alcanzaban el piso. Mis hermanos y yo nos miramos, esa era una de las niñas que buscábamos; así que mi mamá descendió del auto, se dirigió a la señora y al tiempo que le mostraba una “muñeca nueva” le decía, “Es para su hija”. La señora la miró con desconfianza, pero luego sonrió; entonces mi madre le entregó el regalo a la niña. Al alejarnos por la ventana del coche observamos cómo la niña, simplemente feliz, abrazaba a su madre.

Está bien recoger algunas cosas que no utilicemos y regalarlas, pero no me refiero a eso, sino a que te dirijas a una tienda y compres un regalo nuevo y elijas a un niño, o quizás a un adulto, que lo necesite mucho y se lo obsequies. Con este acto comprenderás el verdadero significado de dar incondicionalmente, y harás feliz a alguien que no espera ese gesto.

“Los habitantes de la calle”, así se llama a los indigentes en mi país. Es triste, pero es una realidad, y están presentes en todas las ciudades del mundo: seres humanos que sienten, que fueron abandonados, quizás víctimas de sus propias decisiones; sin embargo, no estamos para juzgarlos, sino para pensar en ellos en esta Navidad. Qué tal, preparar una cena, empacarla de manera especial y salir en Noche buena a compartirla con alguien que, en su profunda soledad y desgracia, no se haya imaginado jamás que cenaría algo especial. Los regalos pueden ser muchos, solo usa tu imaginación.

Visita un albergue de niños abandonados o una casa de personas para la tercera edad. Prepara una rica torta (pastel) o un postre y visita estos lugares, conversa con sus residentes, lleva música navideña, léeles un cuento o historia de Navidad, y verás cómo te reciben con los brazos abiertos. No dejes de invitar a tus hijos, de este modo aprenderán el valor del afecto y la compañía que tienen, convirtiéndose en seres más compasivos, humanos y sensibles al dolor ajeno.

Estas son tan solo algunas ideas para aliviar el sufrimiento de muchos seres humanos en el mundo, ideas que te permitirán llevar una chispa de alegría y, de paso, darle un nuevo sentido y significado a tu Navidad.

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