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10 pasos para no convertirte en su madre

10 pasos para no convertirte en su madre

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¿Te ve tu chico como una segunda madre?

En ocasiones, que un chico se eche novia, se vaya a vivir con su media naranja o decida dar el gran paso, supone un gran peligro para la percepción sobre su pareja hasta ese momento.

Factores inevitables como la rutina, los roces y las discusiones o acostumbrarse demasiado el uno al otro pueden hacer que la relación se desgaste y se vaya perdiendo un poco esa pasión inicial. Sin embargo, eso es algo más dentro de la normalidad.

Lo realmente complicado es cuando tu chico encuentra en ti demasiadas similitudes con su madre. Si compara continuamente tu manera de cocinar con la suya, te ha regalado alguna prenda que era de ella o sientes que ya no se esfuerza por mantenerte a gusto, ¡cuidado! Estás entrando en la “zona mami” y acabará sustituyéndola por ti.

Puede deberse a varios motivos, tanto por tu parte como por la suya. Es posible que seas tú la que tenga un comportamiento un poco más maternal, o tal vez sea él quien sufra un poco del síndrome de Peter Pan.

En cualquier caso, si no quieres convertirte en la madre de tu chico, hay maneras de evitarlo. Sigue estos 10 consejos y seguramente le cueste volver a hacer comparaciones…

No hacer sus tareas domésticas

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Si algo caracteriza a una auténtica ama de casa, es su experiencia y eficacia con las labores del hogar.

Así, en el caso de que su madre sea toda una experta, puede haber repercutido de dos maneras en su hijo: haberle transmitido su sabiduría… o haber hecho todo por él. Si es el segundo caso, lo más probable es que no tenga ni idea tan siquiera de cómo usar una escoba.

No es de extrañar, por tanto, que tu chico ni sepa ni quiera saber cómo mantener un hogar en condiciones. El hecho de que a ti te gusten los espacios limpios y la buena organización no quiere decir que él vaya a satisfacerte en este aspecto o le dé mayor importancia al entorno en el que estáis, o siquiera tenga la intención de aprender por su propio bien.

Sin embargo, no estás ahí para seguir haciendo lo que su madre ya no puede. Limpiar la casa, lavar la ropa y cocinar algo apropiado son su propio problema ahora. ¡Ya va siendo hora! Está bien que intentes enseñarle o darle algún que otro consejo… pero debe hacerlo él.

Además, si te molestan en exceso esas condiciones, puedes probar a encargarte únicamente de tus cosas o pasar menos tiempo por ahí. Podría ser una buena motivación para que empiece a tomar las riendas de la casa.

Mantenerte sexy y atractiva

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La clave para diferenciarte claramente de su madre reside en la atracción sexual. Debes alejarte lo máximo posible del estereotipo de ama de casa descuidada con su figura y con su look, aunque nadie dice que no puedas mantener tu naturalidad.

Hay muchas maneras de mantenerte en forma y guapa sin necesidad de estar constantemente maquillada o excesivamente arreglada, pero lo esencial es evitar determinadas circunstancias que pondrían en peligro tu sensualidad y tu femeninidad.

Por tanto, no le tengas miedo a la convivencia. Llevar una toalla en la cabeza después de la ducha, usar camisetas cómodas pero poco insinuantes para dormir o tu cara de recién despierta, no son lo que debería preocuparte, pues estás simplemente siendo tú misma.

Sin embargo, momentos como después de hacer mucho ejercicio, comportamientos como mantener la puerta del baño abierta cuando usas el retrete o un mal estado de la ropa interior puede hacer que deje de verte con tan buenos ojos.

Por eso, procura siempre cuidar tu figura y estar radiante en la medida de lo posible, siendo natural y, a la par, cuidando los pequeños detalles que puedan ser decisivos.

No cuidarle excesivamente si se pone enfermo

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No hay nada que muestre más instinto maternal que cuidar de alguien, sobre todo si cae enfermo. Así, al mínimo síntoma de un leve catarro, una madre no puede evitar acudir rauda y veloz a consolarle y atiborrarle con sus remedios favoritos.

Además, puede ser un pretexto perfecto para ellos si quieren un poco más de atención o que les hagas algún favor. Por ello, es imprescindible tener claro que tú eres una persona mucho más objetiva y que no tiene motivos para exagerar con las circunstancias.

Puedes ayudarle si te pide algo de vez en cuando, siempre y cuando no parezca estar aprovechándose de la situación, o ser tú misma la que se ofrezca a prepararle una sopa o llevarle el termómetro. No obstante, no es necesario estar pendiente todo el día de sus necesidades y caprichos.

Recuerda que no está inválido, ¡sólo constipado!

No ser su secretaria

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Las madres están constantemente detrás de sus hijos para saber todo sobre sus planes y asegurarse de que se cumplen las tareas a rajatabla. Más allá: incluso, son ellas mismas las que les estructuran su agenda y les recuerdan todo lo que tienen que hacer.

Tú, sin embargo, no eres nada remotamente cercana a su asistente personal. Que lleve sus cosas al día, organice con antelación las reuniones que tiene, se acuerde de determinadas fechas clave y participe en la planificación de vuestros viajes es algo que todo adulto debe saber hacer para llevar el timón de su propia vida, tanto individual como en pareja.

Puedes ayudarle a hacerse a una personalidad un poco más organizada comprándole un calendario o una pequeña agenda fácil de llevar y que pueda tener consigo en cualquier momento.

Eso sí, procura que vaya cogiendo la costumbre de mirarlo, por lo menos, una vez al día, así como que sea él quien se encargue de ir rellenando los huecos.

No hacer de personal shopper

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Otra característica muy típica de las madres es su empeño por ser ellas quienes les vistan. No en el sentido literal, pero sí en cuanto a elegir la ropa que se ponen.

Tu chico puede estar muy consentido en este aspecto. Si no es de los que tienen por costumbre irse de compras de vez en cuando para renovar un poco su armario y sobrevive de las camisetas que le traen sus amigos y familiares de sus viajes, no debes ser tú quien le haga esa tarea.

Espera a que se canse de llevar siempre lo mismo (a lo que puedes ayudar con alguna que otra indirecta) y deja que empiece a aprender que es algo que le corresponde a él hacer.

Esto no quiere decir que esté de más que le des algún consejo sobre qué estilo le iría mejor o acompañarle para dar tu opinión, ¡pero cuidado! No le obligues a ir de compras ni termines siendo tú la que decida por él qué os vais a llevar…

No regañarle tanto

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Las madres tienen ese estereotipo de recurrir a menudo a las regañinas para decir lo que no les gusta que haga y lo que no quieren que se repita en un futuro.

La comunicación es importante en una pareja, así que procura comentarle lo que te molesta y hacerle saber que determinadas bromas, manías o falta de atención están fuera de lugar cuando esté contigo. Eso sí: mantén una conversación.

Procura no levantar el tono, gesticular en exceso o “montarte tu propio monólogo”. También, escucha lo que tenga que decir. La ternura en el habla puede hacer mucho bien, pero si te sulfuras, podría tomárselo indebidamente y conseguir, más bien, el efecto contrario.

Si no, lo más probable es que acabe ignorándote en esos momentos o poniéndose a la defensiva… y no serviría de nada.

No consentirle todos sus caprichos

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Las madres suelen ser tremendamente complacientes. Si hay algo que puedan hacer por o para su hijo, intentarán satisfacer estas peticiones por cualquier medio posible.

Sin embargo, tú puedes (y debes) rechazar lo que te proponga o pida si no te apetece ni lo más mínimo. Hay que ser un poquito egoísta de vez en cuando y no tienes que ceder en todo.

Esto le vendrá bien para no acabar malacostumbrado a determinados “lujos” en tu trato hacia él. ¡Recuerda que es muy posible eso de “das la mano y…”!

Por tanto, no te prives de tus planes, deseos o incluso necesidades por satisfacer los suyos. Ante todo, tienes que estar tú la primera en tu lista.

Por supuesto, esto no implica que nunca hagas nada por él. Los detalles son importantes en una pareja y va en ambos sentidos. Simplemente, ponte unos límites.

No dedicarle todo tu tiempo

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Las madres se desviven por sus hijos. Suelen emplear todo el tiempo que tengan disponible en dedicarse a ellos, ayudarles con algo o simplemente pasar un rato a su lado.

Aunque disfrutes muchísimo de su compañía y tengáis bastantes gustos y amigos en común, tienes que intentar encontrar siempre un momento sólo para ti.

Procura marcarte uno o dos días a la semana para hacer algo sin contar con él: una salida con las chicas, un relajante baño con velas o leer tu libro favorito sin ser molestada o interrumpida.

Además, sobre todo si es alguien un poco más receloso, recordarle que sigues teniendo tu cierta independencia también conseguirá mantener su interés por ti y en conquistarte continuamente.

No confundir el favor con la obligación

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Resulta esencial mantener esa línea diferenciadora entre un favor y una obligación.

Las madres, muchas veces, no dejan claro
 este límite entre lo que les corresponde a ellas llevar a cabo (en relación a los cuidados que toda madre tiene) o lo que hacen por facilitarle las cosas a los hijos.

Que de vez en cuando o tal vez más a menudo te encargues de solucionarle alguna cuestión que debería corresponderle a él, no quiere decir que siempre vayas a estar dispuesta a hacerlo.

Por tanto, cuanto más repitas esa acción, más parecerá que está a tu cargo y no al suyo. No dejes que se haga a la idea (o tú misma) de que esa tarea se ha convertido en tu labor, ¡pues no lo es!

No dar más de lo que recibes

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Una relación madre-hijo se estipula por una jerarquía vertical: de abajo (el hijo) a arriba (su madre). Es decir, que es ella la que, se presupone, tiene más por dar e incluso por sacrificar.

Sin embargo, en una relación de pareja, se deber tratar de tender a la jerarquía más horizontal y equiparada para los dos. Y es que eso de “quién lleva los pantalones”, en realidad, es sólo cuestión de “según para qué”. Por tanto, no le des un trato ni más ni menos especial que el que él te aporta.

Seguramente, ambos agradeceréis sentir que nadie pisa a nadie en vuestra relación, pero también evitas hacerle sentir mal si te pasas con los detalles y él no tiene recursos para ofrecerte lo mismo.

Por ello, no te obsesiones con los regalitos. Si no te llegan, seguramente sea porque por su parte no los necesita y, por tanto, no es algo que valore en exceso. Si tienes un hombre detallista a tu lado, ¡ponte a la altura!

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